viernes, 24 de agosto de 2007

La noche ciega canta para vos_Heriberto Montano

Fotografía: Heriberto Montano, El Salvador 1950-2007
Fotografía tomada por René Chacón Linares

El poeta Heriberto Montano falleció el día 23 de agosto de 2007.




La noche ciega canta para vos




Sol indeciso has dejado
Una nube sangrante suave terciopelo de la tarde
Sol sangrante ojo hermoso que me ve
Mientras el polvo de los días pasa por mis dedos

Mientras ella desnuda su cuerpo flaco
Su cintura de avispa que mueve a cuatro vientos
Baila y fuma cigarro tras cigarro
Bajo la luz tenue roja sangrante
Una nube sangrante suave terciopelo de la vida
Advenediza nube que arropa su desnudez

El sábado se desliza serpiente emplumada
Mientras se mueve desnuda desnuda de amor
Su cuerpo flaco de serpiente húmeda de amor
Bajo un ojo moribundo
La tarde un ojo rojo la observo transparente
De amor tenue nube voluptuosa de la tarde

Sol indeciso hoy muerto has dejado
Entrar la noche en el agujero de la luna
Y el polvo de los días pasa por mis dedos

Ella baila como si el cielo sangrante se detuviera para ella
Y las estrellas de su vientre parpadearan
Vientre un poco saliente bajo sus costillas
Serpiente embarazada
Ojo que la mira vicioso lujurioso sol moribundo

Baila serpiente de amor
Brisa que viene con la piel húmeda de amor
Serpiente emplumada que baila sin rubor
El universo es una copa de olvido

Su cuerpo flaco su agujero caliente su vientre
Saliente donde se posa el sol

El tiempo está agotado
Sol anaranjado
Ella bailó para mí para mí
©Heriberto Montano
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martes, 21 de agosto de 2007

Al silencio_Miren Eukene Lizeaga

Fotografía: Miren Eukene Lizeaga






Al silencio, que no existe



Al silbido del tren que cruza.
A la seca hoja, que en cemento rueda,
salta y arrastrándose se aleja.
Al reclamo amoroso de una pompa,
que en la garganta rampa y explota,
llamando a su pareja.
Al goteo de un grifo,
Al cantarín salto del nacido arroyo.
Al retoño escondido en su nido,
en la cuna mecido,
piando, llorando, por su alimento.
Al murmullo del aire, que acampa
en la nerviosa arista de una hoja,
la mueve como un artista,
y al sol abanica.
Al latido interno de los pulsos,
rumor que al corazón viaja,
batiendo corazones, al ritmo
eterno de la vida.
A las ráfagas de mar y monte,
que en al oído confunden
buscando en el horizonte
llanuras de tierra o agua.
Y a la caracola que en tierra
el sonido del mar reproduce.
©María Eugenia Lizeaga
De: Poesía vital, ediciones Beta, Donostia, País Vasco.
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